7 de Agosto de 2011, un grupo de amigos pasan un agradable finde de acampada en Cazorla lejos del ruido de las ciudades. Al volver, las cosas no están como las dejaron...

miércoles, 18 de enero de 2012

CHAPTER 21

Recogimos todo lo que estimamos de valor de la gasolinera y retomamos nuestro viaje tras el leve incidente con sus inquilinos. Dejamos Jaén capital atrás y tomamos la autovía dirección a Granada. Ni un alma viva o muerta hasta entonces. Yo seguía dándole vueltas al plan de Gersan, aún no estaba del todo convencido.

- Oye, ¿estás seguro de tu plan?
- Si, ¿cuál es el problema? Hay refugio,recursos, armas, de todo.
- No es eso, si me parece genial... si logramos entrar.
- ¿A qué te refieres?
- Granada tiene que estar infectada de zombis, e incluso aunque el cuartel esté casi a las afueras no asegura del todo que no esté rodeado ya. Entrar allí será demasiado arriesgado aun con un buen plan.
- Bueno, ya pensaremos en algo cuando veamos como está la situación.
- Ya, pero incluso así, demasiadas cosas pueden salir mal, y solo basta una de ellas para que nos jodan vivos, literalmente.
-  Verás que todo irá bien. ¡No seas tan agorero hombre!
- No es es eso, soy realista, quizás demasiado realista...

Volví a encerrarme en mis pensamientos. Multitud de ellos bombardeaban mi mente: planes para entrar en Granada, planes para el día siguiente, posibles imprevistos, otros posibles refugios... Justo en ese momento apareció la señal indicadora de la salida de la autovía hacia mi pueblo. La seguí con la mirada hasta que desapareció de mi ángulo de visión. 

...Mi familia...

¿Qué habrá sido de ellos? Deambulando por las calles, como todos los demás, seguro. Aunque era fin de semana, lo mismo estaban con el resto de mi familia en Montefrío. Oh vaya, una reunión familiar zombi donde falto yo. De pronto visualicé la imagen del cortijo de mis primos. Si estaban allí habría una posibilidad ínfima de que se hubieran podido atrincherar y sobrevivir. Qué ironía, después de todo, yo que estoy más preparado mentalmente para vivir sin familia, resulta que puede que aún la conserve. Surgió otro pensamiento pero esta vez menos alentador, sabes que si tu madre estuviera viva, te habría llamado hace ya varias horas atrás. Lo mismo era hora de que llamara yo primero. Saqué mi móvil del bolsillo, observé la pantalla y vi que apenas le quedaba ya batería. Si quería llamar esta sería mi última oportunidad. Busqué el número del móvil de mi madre en la agenda y marqué. El sonido inconfundible del tono de llamada surgió a través del pequeño altavoz. Vaya, aun está encendido. Sonaron varios tonos más. Es inútil. Silencio. 

- ¿¡MAMÁ!?

Silencio de nuevo, la llamada había terminado por agotar la batería.

- ¡¡JODER!!

Gersan sentado en el asiento del al lado alucinaba.

- ¿¿Te lo han cogido?? ¡¡Eso es que están vivos!!
- Eso parece.
- A mi me queda algo de batería, llama con el mío. ¡Rápido!
- Déjalo, no me sé el número.
- ¿¿De nadie??
- El mío y el fijo de mi casa.
- Joder... pues llama allí
- Me juego la cabeza que no están allí.
- ¿Entonces, sabes donde?
- Si, creo que si.
- Pues tío, ¡¡Vamos!!¡¡Que tu familia puede estar viva!!
- No, antes tengo que estar seguro.
- ¿Cómo?
- En Granada tiene que haber algún puñetero cargador que me sirva. Y si no, me abriré paso hasta mi piso y cogeré el mío.
- Bien, como quieras. Vaya, parece que al menos la esperanza no nos ha abandonado del todo.
- Jajaja, no cantes victoria aún.
- Jajaja, ¡optimismo!¡optimismo!

En ese momento no se me ocurrió, pero si había otro número de teléfono que me sabía. El de mi padre, pero solo porque ese número me perteneció a mi primero. Podría haberme ahorrado alguna que otra situación digamos, embarazosa.  Pero en fin, lo hecho hecho está y lo olvidado quizás recordado será. 

Mientras tanto, en el horizonte ya se dibujaba la silueta de Granada.

PD: Soy todo un poeta, menuda rima asonante me ha salido sin querer.





martes, 3 de enero de 2012

CHAPTER 20

Hacía cerca de una hora que estábamos en la carretera. Una carretera completamente desierta. 

- No hemos visto ningún zombi en kilómetros.
- Ya, deberán estar todos en las ciudades.
- Pero tampoco hemos visto supervivientes.
- Mejor, porque no pienso compartir con nadie lo que llevamos. Y mucho menos cederlo por las buenas.
- ¿No te fías de la gente, eh?
- Jaja, para nada, ¡y mucho menos ahora!
- ¿Y de nosotros si te fías?
- Qué remedio, ¡os necesito para sobrevivir!
- ¡Jajajajajaja! Vaya, vaya...

Entonces vimos a Álvaro haciendo señas para que parásemos. Como no contemplábamos la idea de que nadie pasara por allí, paramos los vehículos en el mismo carril, sin apartarlos ni nada.

- ¿Qué ocurre?
- Gasolina. Tenemos que repostar pronto.
- Pues la próxima que encontremos la saqueamos y ya está. Mira que problema.
- Ojalá resulte tan fácil como dices.
- Bueno, sigamos, ¿no?

Dicho esto nos volvimos a poner en marcha. Condujimos durante varios kilómetros más, igualmente desiertos, hasta encontrar una estación gasolinera. Nos acercamos cautelosamente y aparcamos los vehículos al lado de los surtidores.

- ¡¡Llenadlos hasta arriba sin miedo, que yo invito!!
- Ajajá, para esto había echado yo los bidones vacíos. Llenadlos. Yo voy a echar un vistazo dentro. ¿Viene alguien?
- ¡Yo-yo!
- Bien, pues coge tus armas.

Nos acercamos a las cristaleras de fuera, para ver si podíamos observar algo sospechoso dentro. Nada. Ni un alma. Viva o muerta.

- Entremos, y con cuidado.

Nos acercamos a la puerta, y automáticamente se abrieron dándonos un susto.

- Joer, mierda de puertas...
- Ya nos ha chafado el factor sorpresa. Vamos pa'entro de todas maneras.

Cruzamos las puertas automáticas y entramos. Dentro, todo parecía estar en su sitio. Como si la persona que había abierto el establecimiento, hubiese salido corriendo dejándolo todo tal y como estaba. Mala espina me daba a mi eso. Estantes de dulces, recuerdos para viajes, bebidas y demás se disponían delante de nosotros. Álvaro dijo que iba a por algo para echar cosas, yo mientras, iría a echar un vistazo por el almacén. Apoyé la oreja sobre la puerta, por si oía algo. Nada. 

Espera... ¿qué había sido eso? Un leve gruñido casi imperceptible venía a través de la gruesa puerta. Mientras, Álvaro volvía con bolsas para recoger toda las mierdas que pudieran caber.

- ¿Cuánto les queda a los otros?
- Un poco, están liados ahora con los bidones.
- Quédate aquí y coge lo que veas. Si algo sale por esa puerta que no esté vivo. Remátalo.
- ¿Tú a donde vas?
- Voy a entrar por detrás, creo que tenemos a un inquilino ahí dentro.

Dí una voz a Rocío para que me acompañara, dimos la vuelta y encontramos la puerta de servicio entreabierta. La abrimos de par en par. Nuestros ojos tardaron un poco en acostumbrarse a la oscuridad inicial y contemplar la escena que estaba delante de nosotros.  Había un zombi de pie, y otro en el suelo a medio comer. Rocío comenzó a tener arcadas y me pidió que cerrara la puerta. Excelente recomendación porque el que aún tenía piernas comenzó a caminar hacia la puerta. 

- ¡Joder, que puto asco!
- Chica, vete acostumbrando porque este va a ser el pan de todos los días, de aquí en adelante.

jueves, 22 de diciembre de 2011

CHAPTER 19

A través de la puerta del almacén surgieron nuevos zombis, y estos se movían más rápido que los otros. No estaba seguro, pero parece ser que el estado inicial de rigor mortis estaba desapareciendo. Los músculos se estaban desanquilosando lo cual parece devolver algo de movilidad a los cadáveres hasta que estos se pudran. Atravesé el pasillo a todo correr, bajé la escaleras como el rayo y llegué hasta donde los demás. 

- ¡Rápido, tenemos que irnos!¡Vienen más!
- Ya está todo cargado, pero ¿quién va a conducir el Land Rover?
- ¿Qué ha pasado con Javi?
- Muerto y remuerto.
- Vaya....
- ¿Y hacia donde vamos?
- Vamos fuera del pueblo a un sitio seguro y lo discutimos. 
- ¿Pero quién va a conducir?
- Vale, vale yo lo haré.
- Pues venga, larguémonos. Abre la puerta, me voy contigo.

Quedamos distribuidos de dos en dos en cada vehículo. Raquel conducía su furgoneta con Álvaro de copiloto. En el Land Rover conduciría Gersan y yo le acompañaría y en el quad irían Rocío y Cristina.

- ¿Seguro que sabes?
- Bueno, más o menos. Pero mira el lado bueno, no creo que me paren por no tener carnet de conducir.
- Cierto, cierto. ¡Vámonos!

El convoy se puso en marcha de nuevo, ahora cargado de provisiones hacia las afueras del pueblo. Teníamos que decidir que íbamos a hacer a partir de ahora. Mientras atravesábamos el pueblo veíamos como cada vez había más y más zombis. Al doblar una esquina nos encontramos una calle atiborrada de muertos vivientes.

- Mierda,.. Una puta reunión de cadáveres.
- ¡Dad media vuelta antes de que nos rodeen!
- ¡No nos podemos parar, Rocío y Cristina están indefensas en el quad!

A través de señas comunicamos a nuestros compañeros que dieran la vuelta. Una vez ya a salvo en las afueras de la ciudad, Álvaro se quejó.

- Podíamos haberlos atropellado a todos.
- Si podíamos,  y también habíamos podido destrozar los coches.
- Bah
- Bueno, bien,qué hacemos ¿sugerencias?
- Había pensado en irnos a algún lugar lejano de las ciudades. Ahora mismo tienen que ser un jodido hervidero de muertos.
- Si, eso está muy bien, ¿pero dónde?
- Mi campo quizás, o incluso el cortijo de mis primos. 
- ¿Y si vamos a mi casa, al cuartel? Está todo vallado, con muros. Sería un refugio perfecto. Y dentro tenemos coches, armas, depósitos de gas, agua y demás. Aparte no está en el centro de Granada, está a las afueras, puede que allí no haya tantos muertos. Y además, tiene varios supermercados cerca, y gasolineras también.
- ¡Wau, es genial!
- Si, pero me parece demasiado arriesgado tal y como están las cosas ahora. No lo veo claro.
- ¡Venga ya, pero si es perfecto!
- No lo veo claro, ¿cómo vamos a entrar?
- Por la puerta, sé donde están los mandos que las abren.
- Están bien. Iremos. Pero sigo sin verlo claro.
- ¡¡En marcha!!

Nos pusimos de nuevo en camino, esta vez hacia Granada donde parecía que teníamos un buen refugio. Al menos en teoría. Ya veríamos si era tan bonito como lo pintaba Gersan.


martes, 13 de diciembre de 2011

CHAPTER 18

Nuestro mundo de felicidad y aplastamiento de cráneos se había ido a la mierda de la peor forma inimaginable, habían mordido a Javi en el cuello y ahora su suerte estaba echada. Este es el pago por subestimar a la muerte.

Cristina y Gersan taponaban como podían la herida con un pañuelo y las manos, pero la sangre seguía fluyendo hacia fuera mientras Javi convulsionaba de forma violenta. Rocío estaba abatida, imagino que se siente culpable de alguna forma, y los demás caminábamos nerviosos y sin saber que hacer.

- ¡Mierda, se está desangrando!
- Joder... ¿Qué hacemos?
- ¡Id a buscad algo que pueda servir!
- ¿Servir para qué? ¡Esto es un mercadona y nadie es médico! Y de todas maneras está condenado, le han mordido...
- ¿Qué? No... mierda...

Conforme el charco de sangre aumentaba, su vida se iba esfumando. Con sus últimas energías, Javi susurró con bastante dificultad que le dejáramos allí, cogiéramos la llave de su coche y nos fuésemos.

- No podemos dejarle ahí...
- Si, si que podemos, larguémonos.
- ¿A ti te gustaría que te dejásemos aquí?
- Llevaros los carros y cargad todo en su coche y los que tengan las manos manchadas de sangre id a lavaros por si acaso.
- ¿Tú que vas a hacer?
- Comprobar una cosa.

Parece evidente que un mordisco de un zombi te convierte en uno de ellos, o al menos el cine, la literatura y los videojuegos nos lo han hecho creer. Pero ahora, aun siendo algo que parece tan trivial, tenía que comprobarlo. Los demás habían salido ya hacia el parking, y Javi tomaba sus últimas bocanadas de aire. No tardó mucho más en morir.

Voy a ser sincero conmigo mismo, viendo ahora su ya cadáver, si tenía que morir alguien hoy, él era el adecuado. Imagino que echaremos de menos su mano de obra, por decirlo de alguna manera, pero estoy seguro que habría sido más difícil para nosotros si su lugar lo hubiera ocupado otra persona. A él solo lo conocíamos desde hace un día. Y en nuestra situación, la salud mental y emocional del grupo importa más que nunca. Solo basta que alguien flojeé para que todo se venga abajo. Además esto nos sirve de recordatorio de que no estamos en un puñetero mata-zombis para el ordenador, si nos muerden una sola vez, se acabó el juego.

Mientras reflexionaba, Javi se levantaba del suelo y se encaminaba a duras penas hacia mí. Claro está que ya no era él. Me acerqué a el para rematarlo y observé como se acercaba a mi con dificultad, arrastrando los pies, sin poder mover apenas las articulaciones, como acartonado.  Cuando su cabeza estuvo a mi alcance le destrocé el cráneo sin piedad. Si hubiera sido alguno de los otros, no se si habría podido hacerlo del mismo modo. Entonces caí en la cuenta, lo que vi en el almacén no fueron imaginaciones mías y que creía conocer el motivo.

- Rigor mortis...

domingo, 4 de diciembre de 2011

CHAPTER 17

Una vez limpiado el Mercadona de escoria, podíamos saquear tranquilamente y con total impunidad.

- ¿Qué cogemos?
- Aquello que dure, digo yo.
- ¿Cuánto tiempo pasará hasta que nos rescaten?
- Yo no contaría con eso, la verdad.
- Pero... alguien tendrá que haber sobrevivido también ¿no?
- Supongo, pero a saber. Es mejor no hacerse ilusiones.
- En fin, ¿Vamos al lío?

Nos dividimos como dijimos antes, cogimos un carro cada grupo y empezamos a echar cosas en él. Nosotros nos encargábamos de las conservas, y el otro grupo de lo perecedero, para alimentarnos los próximos días. Echamos decenas de latas de atún, caballa, sardinas y otras cosas más, mientras Gersan refunfuñaba que prefería morir antes que comer atún. Con la tontería y el jugueteo, llegamos a la sección de la cerveza.

- Esto...¿que hacemos?
- Son "latas de conserva" ¿no?
- Ajá, coge todas las que puedas, creo que nos las hemos ganado.
-Yeah, ¡me mola la cerveza calentorra gratis!

Creo que sobra decirlo, pero cogimos toda la Steinburg que pudimos. La Cruzcampo la dejamos allí, ninguno de los 3 la queríamos, ni aun siendo el fin del mundo. Continuamos con nuestra tarea, cogiendo aquello que pudiera servir como botellas de agua, y otras que no, como docenas de napolitanas de chocolate. Total, era gratis, y había que darse un gustazo, porque siendo optimista, no sabríamos si mañana estaríamos vivos. Ya habíamos llenado un par de carros. (Si, nuestra agonía nos hizo ir a coger otro) y enfilábamos la salida por las cajas registradoras, cuando oímos varios gritos. Dejamos los carros y fuimos corriendo de nuevo al supermercado, buscando la fuente del mismo. Vimos a Cristina que corría hacia nosotros, con el rostro contraído por el miedo. Gersan la cogió de un puñado y la levantó para que parase y se tranquilizase.

- ...mordido...
- ¿¿Que han mordido a quien??¿¿Donde están??
- ...en el almacén...
- Raquel, quédate con ella, nosotros vamos a ver que ha pasado.

Gersan y yo nos dirigimos a toda prisa hacia el almacén. Cuando entramos vimos a Rocío agachada, que atendía a Javi tirado en el suelo y a Álvaro defendiéndose de varios muertos vivientes. 

- Mierda... ¡hay que sacarlo de aquí!
- ¿¿Pero que ha pasado??
- Uno de esos cabrones lo mordió.
- No me digas...
- Esta bien, Gersan y tú llevadlo donde las otras dos, y volved rápido o estos hijos de puta se nos merendarán.

Rocío y Gersan auparon a Javi y lo llevaron fuera del almacén y yo me lancé en ayuda de Álvaro, que había matado a varios, pero seguían saliendo de entre las cajas. 

- ¿De donde han salido tantos, y que coño ha pasado?
- No lo sé, estábamos explorando el almacén, cuando de pronto un cabrón de esos se le echó encima y le mordió en el cuello.
- Mierda...

Mientras hablábamos, mi martillo, su hacha y mi hoz volaban separando extremidades y fracturando cráneos. Aquello se había convertido en un juego enfermizo, y mientras, seguían saliendo más y más.

- ¡¡¿¿Pero de dónde mierda salen??!!
- ¡Ya llega la ayuda!
- Si, vamos a destrozar a estos cabrones.

La sangre coagulada brotaba de los cuerpos sin vida a cada hachazo, martillazo o mazazo y manchaba el suelo. Al final, tras una cruenta batalla pudimos dar cuenta de ellos, mostrándonos una Rocío que nunca habíamos visto, tremendamente agresiva, o como denominaría yo posteriormente, "Rocio Berserker".  La niña había machacado sin piedad los cráneos de los cadáveres. 

- Al fin...
- Eh, ¿Lo habéis notado?
- ¿El qué?
- Que se movían más rápido que antes...

Qué puedo decir... ¿Mierda?



lunes, 28 de noviembre de 2011

CHAPTER 16

Subimos raudos por las escaleras, queríamos llegar antes que los demás para observar la situación. Porque se supone que si todo empezó el sábado por la tarde, aún debería quedar gente trabajando entonces. Pues bien, a simple vista desde fuera de las cajas, estaba vacío.

- No me fío.
- Yo tampoco.

Un ruido de puertas corredizas vino desde atrás. El ascensor acababa de abrir sus puertas y nuestros compañeros se acercaron a donde estábamos nosotros. 

- ¿Qué ocurre?
- Nada, que no sabemos si hay zombis o no. 
- Pues venga, vamos a comprobarlo.
- Se me ocurre otra cosa. 
- ¿Qué vas a hacer?

Álvaro no contestó, se acercó a una caja registradora, cogió el micro, se aclaró la garganta y a continuación:

- ¡DING-DONG-DING! ¡A TODOS LOS ZOMBIS HIJOS DE PUTA, ACUDAN A CAJA REGISTRADORA! ¡DONG-DING-DONG! 

Soltó el micro y lo dejó en su sitio.

- ¿Ha molao, eh?
- Sep, ahora atentos. Con todo el escándalo que ha montado el capullo este, si hay algún cabrón de esos, vendrá.

El inconfundible lamento lastimero de los muertos vivientes pronto se hizo audible.

-¡Haced más ruido!¡Atraedlos a todos hacia aquí!

Media docena de cadáveres andantes surgieron de entre las estanterías. Decidimos que este sería un momento ideal para probar nuestro nuevo arsenal cogido prestado de la cochera de Rocío. Hachas, una pala, el mazo, un pico, serruchos, una hoz e incluso una motosierra. Cualquier cosa es buena para aporrear y destrozar cráneos. Yo por ejemplo, en una mano tenía mi fiel martillo y con la otra empuñaba una hoz, su aspecto macabro siempre me ha gustado. El resto de los chicos también había escogido un arma acorde a sus gustos. Nos colocamos en posición de ataque mientras se acercaban los muertos, las chicas en primera instancia, decidieron quedarse al margen.

- Esperad... esperad... ¡AHORA!

Nos lanzamos con toda nuestra furia hacia esas criaturas. Yo subí por una de las cajas registradoras y salté sobre el más cercano, destrozándole su cráneo con el martillo. Continué en carrera unos pocos metros hasta el siguiente, con la hoz le atrapé una pierna y tiré hacia arriba, el pobre desgraciado cayó al suelo de boca y con una pierna menos. Me di la vuelta y le clavé el pico del martillo en la nuca. Estaba empezando a ser adicto a los subidones de adrenalina, y no era el único. Álvaro acababa de separar la cabeza de uno con el hacha, Javi destrozaba a otro zombi con el pico, e incluso Gersan parecía haber dejado atrás su moral para aplastar literalmente con el mazo la cara de su víctima. 

Yo creo que ya sé lo que quiero para mi cumpleaños, una puñetera Gladius romana. Lástima que no las vendan en un Mercadona.

martes, 22 de noviembre de 2011

CHAPTER 15

Nuestro improvisado convoy avanzaba con cautela a través de las calles. Solo se veían algunos zombis dispersos. Lo cual me llevaba a preguntarme otra vez lo mismo ¿Dónde coño está el resto?

- En serio, me parece jodidamente raro que haya tan poco hijoputa suelto.
- Si, solo vimos una aglomeración cerca de la plaza del ayuntamiento.
- Que más da, mientras no nos los encontremos...
- Cierto.
- Aminora, quiero pedirle a Rocío una cosa.

Haciendo señas, les hice entender que tenía que hablar con ellas. Se acercaron y Gersan bajó la ventanilla (¿he dicho alguna vez que no me gusta ir delante?)

- Ro, acercaros vosotras que vais más rápido al Mercadona y echad un vistazo por la zona, el parking y los alrededores, a ver como está la situación.
- De acuerdo, "Wawa"
- Tened mucho cuidado.
- Si... ¡Hala!¡Hasta ahora!

Rocío aceleró y se perdió de nuestra vista rápidamente

- Oye, ¿Alguien más tiene la sensación de que es el quad quien lleva a Rocío y no al revés?.
- Ahora que lo dices... ¡Si!
- Jajajajajaja, sep...
- Volviendo a lo de antes, ¿no creéis que el Mercadona estará repleto de zombis?
- Puede ser, era sábado cuando suponemos que empezó toda esta mierda.
- Pensemos... si esto es de origen vírico, habría unos síntomas, y cuando la gente se pone mala, va al médico o a sus casa... ¿no?
- Tiene su lógica.
- Por lo tanto el hospital tiene que estar infestado literalmente.
- Me juego un barril de Franciskaner a que si.
- ¿Entonces el Mercadona estará vacío?
- Lo dudo, pero sería lo ideal.
- Bueno, ya mismo saldremos de dudas, hemos llegado.

Rocío y Cristina nos esperaban cerca de la puerta del parking subterráneo.

- ¿Y bien?
- Por los alrededores hemos visto a unos pocos, pero lejos. ¿Verdad que si, Cristina?
- Si, y luego en el parking había 2 o 3.
- Genial, entramos, nos los cargamos y vamos de compras.

Bajamos la rampa del parking, dentro, estaba vacío salvo por un 3 o 4 coches, eso significaba que seguramente habría otro tipo de clientes en el establecimiento. Pero primero decidimos encargarnos de los permanecían abajo.

- ¡Me pido el gordo!
- ¡Yo el de la camisa a cuadros!
- Vale, para mi la fea, joputas.

Gersan, Álvaro y yo, salimos corriendo con nuestros respectivos martillos en dirección al objetivo zombi elegido. Tras varios cracs, esos ya no se volverían a levantar jamás.

- ¡¡¡Yuuuuujuuuu!!!
- ¡Joder, como mola!
- ¡Tenéis que probar esto!
- Ehm... no gracias.
- Mejor, más para nosotros. Ahora, vamos a repartirnos nuestro arsenal, y a dividirnos en grupos de 3.
- ¡Qué somos 7!
- Ya, Rocío y tú contáis como una.
- Vosotras dos, Javi y Álvaro por un lado y nosotros por otro. Coged cosas esenciales, latas y demás. Ah, y cerveza.
- Bien, vamos.
- Subid los carros por el ascensor, yo voy por las escaleras para asegurar.
- Te acompaño, venga, nos vemos arriba.

Tampoco me gustan los ascensores, que le vamos a hacer.