Nuestro mundo de felicidad y aplastamiento de cráneos se había ido a la mierda de la peor forma inimaginable, habían mordido a Javi en el cuello y ahora su suerte estaba echada. Este es el pago por subestimar a la muerte.
Cristina y Gersan taponaban como podían la herida con un pañuelo y las manos, pero la sangre seguía fluyendo hacia fuera mientras Javi convulsionaba de forma violenta. Rocío estaba abatida, imagino que se siente culpable de alguna forma, y los demás caminábamos nerviosos y sin saber que hacer.
- ¡Mierda, se está desangrando!
- Joder... ¿Qué hacemos?
- ¡Id a buscad algo que pueda servir!
- ¿Servir para qué? ¡Esto es un mercadona y nadie es médico! Y de todas maneras está condenado, le han mordido...
- ¿Qué? No... mierda...
Conforme el charco de sangre aumentaba, su vida se iba esfumando. Con sus últimas energías, Javi susurró con bastante dificultad que le dejáramos allí, cogiéramos la llave de su coche y nos fuésemos.
- No podemos dejarle ahí...
- Si, si que podemos, larguémonos.
- ¿A ti te gustaría que te dejásemos aquí?
- Llevaros los carros y cargad todo en su coche y los que tengan las manos manchadas de sangre id a lavaros por si acaso.
- ¿Tú que vas a hacer?
- Comprobar una cosa.
Parece evidente que un mordisco de un zombi te convierte en uno de ellos, o al menos el cine, la literatura y los videojuegos nos lo han hecho creer. Pero ahora, aun siendo algo que parece tan trivial, tenía que comprobarlo. Los demás habían salido ya hacia el parking, y Javi tomaba sus últimas bocanadas de aire. No tardó mucho más en morir.
Voy a ser sincero conmigo mismo, viendo ahora su ya cadáver, si tenía que morir alguien hoy, él era el adecuado. Imagino que echaremos de menos su mano de obra, por decirlo de alguna manera, pero estoy seguro que habría sido más difícil para nosotros si su lugar lo hubiera ocupado otra persona. A él solo lo conocíamos desde hace un día. Y en nuestra situación, la salud mental y emocional del grupo importa más que nunca. Solo basta que alguien flojeé para que todo se venga abajo. Además esto nos sirve de recordatorio de que no estamos en un puñetero mata-zombis para el ordenador, si nos muerden una sola vez, se acabó el juego.
Mientras reflexionaba, Javi se levantaba del suelo y se encaminaba a duras penas hacia mí. Claro está que ya no era él. Me acerqué a el para rematarlo y observé como se acercaba a mi con dificultad, arrastrando los pies, sin poder mover apenas las articulaciones, como acartonado. Cuando su cabeza estuvo a mi alcance le destrocé el cráneo sin piedad. Si hubiera sido alguno de los otros, no se si habría podido hacerlo del mismo modo. Entonces caí en la cuenta, lo que vi en el almacén no fueron imaginaciones mías y que creía conocer el motivo.
- Rigor mortis...
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