7 de Agosto de 2011, un grupo de amigos pasan un agradable finde de acampada en Cazorla lejos del ruido de las ciudades. Al volver, las cosas no están como las dejaron...

martes, 3 de enero de 2012

CHAPTER 20

Hacía cerca de una hora que estábamos en la carretera. Una carretera completamente desierta. 

- No hemos visto ningún zombi en kilómetros.
- Ya, deberán estar todos en las ciudades.
- Pero tampoco hemos visto supervivientes.
- Mejor, porque no pienso compartir con nadie lo que llevamos. Y mucho menos cederlo por las buenas.
- ¿No te fías de la gente, eh?
- Jaja, para nada, ¡y mucho menos ahora!
- ¿Y de nosotros si te fías?
- Qué remedio, ¡os necesito para sobrevivir!
- ¡Jajajajajaja! Vaya, vaya...

Entonces vimos a Álvaro haciendo señas para que parásemos. Como no contemplábamos la idea de que nadie pasara por allí, paramos los vehículos en el mismo carril, sin apartarlos ni nada.

- ¿Qué ocurre?
- Gasolina. Tenemos que repostar pronto.
- Pues la próxima que encontremos la saqueamos y ya está. Mira que problema.
- Ojalá resulte tan fácil como dices.
- Bueno, sigamos, ¿no?

Dicho esto nos volvimos a poner en marcha. Condujimos durante varios kilómetros más, igualmente desiertos, hasta encontrar una estación gasolinera. Nos acercamos cautelosamente y aparcamos los vehículos al lado de los surtidores.

- ¡¡Llenadlos hasta arriba sin miedo, que yo invito!!
- Ajajá, para esto había echado yo los bidones vacíos. Llenadlos. Yo voy a echar un vistazo dentro. ¿Viene alguien?
- ¡Yo-yo!
- Bien, pues coge tus armas.

Nos acercamos a las cristaleras de fuera, para ver si podíamos observar algo sospechoso dentro. Nada. Ni un alma. Viva o muerta.

- Entremos, y con cuidado.

Nos acercamos a la puerta, y automáticamente se abrieron dándonos un susto.

- Joer, mierda de puertas...
- Ya nos ha chafado el factor sorpresa. Vamos pa'entro de todas maneras.

Cruzamos las puertas automáticas y entramos. Dentro, todo parecía estar en su sitio. Como si la persona que había abierto el establecimiento, hubiese salido corriendo dejándolo todo tal y como estaba. Mala espina me daba a mi eso. Estantes de dulces, recuerdos para viajes, bebidas y demás se disponían delante de nosotros. Álvaro dijo que iba a por algo para echar cosas, yo mientras, iría a echar un vistazo por el almacén. Apoyé la oreja sobre la puerta, por si oía algo. Nada. 

Espera... ¿qué había sido eso? Un leve gruñido casi imperceptible venía a través de la gruesa puerta. Mientras, Álvaro volvía con bolsas para recoger toda las mierdas que pudieran caber.

- ¿Cuánto les queda a los otros?
- Un poco, están liados ahora con los bidones.
- Quédate aquí y coge lo que veas. Si algo sale por esa puerta que no esté vivo. Remátalo.
- ¿Tú a donde vas?
- Voy a entrar por detrás, creo que tenemos a un inquilino ahí dentro.

Dí una voz a Rocío para que me acompañara, dimos la vuelta y encontramos la puerta de servicio entreabierta. La abrimos de par en par. Nuestros ojos tardaron un poco en acostumbrarse a la oscuridad inicial y contemplar la escena que estaba delante de nosotros.  Había un zombi de pie, y otro en el suelo a medio comer. Rocío comenzó a tener arcadas y me pidió que cerrara la puerta. Excelente recomendación porque el que aún tenía piernas comenzó a caminar hacia la puerta. 

- ¡Joder, que puto asco!
- Chica, vete acostumbrando porque este va a ser el pan de todos los días, de aquí en adelante.

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