7 de Agosto de 2011, un grupo de amigos pasan un agradable finde de acampada en Cazorla lejos del ruido de las ciudades. Al volver, las cosas no están como las dejaron...

lunes, 17 de octubre de 2011

CHAPTER 9

Conseguimos entrar en la casa de Rocío, no sin alguna dificultad como la de no saber cuál era llave de la puerta. Tomo nota mental para un futuro. Ahora bien, ya era de noche totalmente y la casa estaba completamente a oscuras.

- ¿Dónde está el interruptor de la luz?
- Es igual, he traído mi linterna. 
- Pues venga, tira escaleras arriba y alumbra bien.

Subimos por las escaleras lentamente, para no hacer ruido. Cuando llegamos arriba, dije que me iba a quedar allí vigilando, y que fueran ellos a buscar las llaves. Les pedí que hicieran el mínimo ruido posible. Saqué mi móvil para usarlo de linterna improvisada  y alumbré hacia el suelo lo suficiente como para ver un poco y me senté en el último escalón en silencio. Quería intentar oír algún ruido extraño, que aún no estábamos seguros si estábamos solos. Agudicé mi oído. Solo escuchaba a Álvaro y Gersan rebuscar en el cuarto.

De pronto, me pareció oír algo que provenía de la planta de abajo. ¿Sería el gato gordo de Rocío?  Pero parecían como pasos...  Intenté escucharlos de nuevo. Otra vez, suenan a pasos, pasos con dificultad. Apreté con fuerza el mango de mi Estwing. 

Me dirigí a la habitación donde estaban mis amigos.

- Eh, ¿tenéis las llaves? 
- Aún no, la niña tiene trescientos bolsos. 
- Pues hay que encontrarlas rápido, que me parece que tenemos compañía abajo. 
- ¿Qué? ¿Quién? 
- No lo sé, me ha parecido escuchar pasos. 
- ¡Yuju! ¡Aquí están!

Gersan mostró el tan anhelado llavero. Iba a darle una palmada en la espalda en señal de agradecimiento, cuando nos sobresaltamos al oír un golpe proveniente del piso inferior.

- ¿Qué coño ha sido eso?

Salimos deprisa pero en silencio de la habitación hacia las escaleras. Álvaro apuntó con la linterna hacia abajo. Vimos a un hombre aparentemente de edad avanzada que intentaba subir los escalones, pero no podía. Se cayó  y se golpeó  la cabeza. Se levantó e intentó volver a subir de nuevo.

- Mierda, mierda, mierda...

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