Habíamos ido a buscar las llaves del piso de Rocío a su otra casa, y ahora nos encontrábamos en una situación que no nos favorecía mucho. Estábamos en el segundo piso, y por la única escalera estaba subiendo a duras penas un no-muerto. Sus pasos resonaban cada vez más fuerte a cada escalón que subía.
- Mierda... ¿Qué hacemos ahora?
- ¿Hay otra salida de la casa?
- A no ser que quieras saltar por una ventana, lo dudo.
- Genial...
Cada vez el zombi estaba más arriba. Miré mi martillo y lo apreté con fuerza.
- Esta bien... Habrá que matarlo. Creo que es la mejor solución.
- Pero tío, ¡es una persona!
- Una persona que ya está muerta.
- Pero...
- Es él o nosotros. Y no se tú, pero yo me quiero lo suficiente como para hendirle el cráneo si es necesario.
- Pues hazlo entonces.
Matar... quitar la vida a otra persona... Pero esta persona en cuestión no está viva. ¿O si?¿Y si solo era un virus reversible y esa persona se podía curar? No, estaba muerta, o al menos no había posibilidad de salvarlo. Bueno si que había una posibilidad para su salvación. Matarlo definitivamente. Llevaba mucho tiempo esperando este momento, el de reventar literalmente a un puñetero cadáver andante. Siempre he creído estar preparado para ello y ahora toca demostrarlo.
- De acuerdo. Yo lo haré.
Dubitativo, bajé los primeros escalones. Podía sentir cómo aumentaba la fetidez conforme me acercaba. Estaba a punto de desistir y darme la vuelta, cuando se encendió una lucecita en mi cabeza. Me apoyé en la barandilla de la escalera y la pared, y propiné una patada con ambas piernas en la cabeza del zombi. Cayó al suelo de la planta baja, bajé rápidamente y salté los últimos escalones para caer hundiendo el pico de mi martillo en su cráneo. Sonreí.
- Creo que ya podemos irnos. ¿no?
- Si...
- Ah, de esto ni una palabra a Rocío.
Abrimos la puerta, y salimos raudos hacia donde estaban el resto de nuestros compañeros. Ahora al doblar la calle, nos encontramos con los dos zombis del principio.
- Probad vosotros ahora.
- ¿Qué dices?
- Venga, mejor liberarse de los prejuicios ahora, que cuando nos rodeen cientos de ellos.
- ¿Pero...?
- Bien, se va a enterar el cabrón ese.
Álvaro se lanzó a por su objetivo martillo en ristre, cuando estaba a escasos metros, saltó y le golpeo con fuerza en la cabeza. Sonó un crac, y el individuo cayó fulminado al suelo.
- ¡Wau! ¡Gers tío, tienes que hacerlo!
- Venga hombre, cuanto antes lo hagas mejor. Luego puede que sea tarde.
- Está bien...
Gersan avanzó algo reticente, cogió velocidad y al pasar al lado del zombi, le hincó el pico en el occipital. El martillo quedó clavado mientras el ahora definitivo cadáver caía al suelo. Se agachó y arrancó el martillo.
- ¡Jooooder...!
- ¿Qué?¿Te ha picado el gusanillo de la sangre?
- Un poco si, un poco. Anda vayámonos, los otros deben estar preocupados.
No hay comentarios:
Publicar un comentario