7 de Agosto de 2011, un grupo de amigos pasan un agradable finde de acampada en Cazorla lejos del ruido de las ciudades. Al volver, las cosas no están como las dejaron...

domingo, 23 de octubre de 2011

CHAPTER 10

Habíamos ido a buscar las llaves del piso de Rocío a su otra casa, y ahora nos encontrábamos en una situación que no nos favorecía mucho. Estábamos en el segundo piso, y por la única escalera estaba subiendo a duras penas un no-muerto. Sus pasos resonaban cada vez más fuerte a cada escalón que subía.

- Mierda... ¿Qué hacemos ahora?
- ¿Hay otra salida de la casa?
- A no ser que quieras saltar por una ventana, lo dudo.
- Genial...

Cada vez el zombi estaba más arriba. Miré mi martillo y lo apreté con fuerza.

- Esta bien... Habrá que matarlo. Creo que es la mejor solución.
- Pero tío, ¡es una persona!
- Una persona que ya está muerta. 
- Pero... 
- Es él o nosotros. Y no se tú, pero yo me quiero lo suficiente como para hendirle el cráneo si es necesario.
- Pues hazlo entonces.

Matar... quitar la vida a otra persona... Pero esta persona en cuestión no está viva. ¿O si?¿Y si solo era un virus reversible y esa persona se podía curar? No, estaba muerta, o al menos no había posibilidad de salvarlo. Bueno si que había una posibilidad para su salvación. Matarlo definitivamente. Llevaba mucho tiempo esperando este momento, el de reventar literalmente a un puñetero cadáver andante. Siempre he creído estar preparado para ello y ahora toca demostrarlo.

- De acuerdo. Yo lo haré. 

Dubitativo, bajé los primeros escalones. Podía sentir cómo aumentaba la fetidez conforme me acercaba. Estaba a punto de desistir y darme la vuelta, cuando se encendió una lucecita en mi cabeza. Me apoyé en la barandilla de la escalera y la pared, y propiné una patada con ambas piernas en la cabeza del zombi. Cayó al suelo de la planta baja, bajé rápidamente y salté los últimos escalones para caer hundiendo el pico de mi martillo en su cráneo. Sonreí. 

- Creo que ya podemos irnos. ¿no?
- Si... 
- Ah, de esto ni una palabra a Rocío.

Abrimos la puerta, y salimos raudos hacia donde estaban el resto de nuestros compañeros. Ahora al doblar la calle, nos encontramos con los dos zombis del principio.

- Probad vosotros ahora. 
- ¿Qué dices?
- Venga, mejor liberarse de los prejuicios ahora, que cuando nos rodeen cientos de ellos.
- ¿Pero...?
- Bien, se va a enterar el cabrón ese.

Álvaro se lanzó a por su objetivo martillo en ristre, cuando estaba a escasos metros, saltó y le golpeo con fuerza en la cabeza. Sonó un crac, y el individuo cayó fulminado al suelo.

- ¡Wau! ¡Gers tío, tienes que hacerlo!
-  Venga hombre, cuanto antes lo hagas mejor. Luego puede que sea tarde.
- Está bien... 

Gersan avanzó algo reticente, cogió velocidad y al pasar al lado del zombi, le hincó el pico en el occipital. El martillo quedó clavado mientras el ahora definitivo cadáver caía al suelo. Se agachó y arrancó el martillo. 

- ¡Jooooder...!
- ¿Qué?¿Te ha picado el gusanillo de la sangre?
- Un poco si, un poco. Anda vayámonos, los otros deben estar preocupados.


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