7 de Agosto de 2011, un grupo de amigos pasan un agradable finde de acampada en Cazorla lejos del ruido de las ciudades. Al volver, las cosas no están como las dejaron...

sábado, 1 de octubre de 2011

CHAPTER 6


- A ver, a primera vista, he de reconocer que la idea de volver al pueblo es completamente absurda y suicida. Pero sabiendo que la casa nueva de Rocío es el único edificio que conozcamos que está completamente deshabitado, y teniendo en cuenta, que los zombis aún están algo desperdigados...
- Si, ¿pero no crees que es algo arriesgado?
- Sí, lo creo. Pero también creo que es mejor tener un muro entre nosotros y los muertos, en vez de una ventanilla de un coche.
- Yo creo que lo mejor es coger el coche y largarnos de aquí.
- ¿Para ir a dónde? Supuestamente, no hay lugar a donde ir.
- Fufff, ¿qué hacemos entonces?
- Me da igual, lo que sea, pero rápido. Está claro que no podemos quedarnos aquí.
- Pues venga, al pueblo. Será la última noche que durmamos seguros. Ah, por cierto, Rocío ¿hay algún camino para llegar a tu casa sin atravesar todo el pueblo? Por la cosa de no montar una cabalgata de zombis detrás de nosotros más que nada, vaya.

Nos montamos en los coches y emprendimos la marcha hacia el pueblo. El coche de Javi, abría la marcha, ya que Rocío debía guiarnos por esa ruta “segura”. Creo que hablo por todos mis compañeros al decir que por favor, y por una vez, no se equivocara.  Ahora entraba en juego algo más que dar vueltas de más. Pienso que aún no somos completamente conscientes de ello, pero ahora, en cada movimiento que hagamos ponemos en juego nuestras vidas, y un paso en falso puede ser fatal. Por eso, ahora más que nunca, espero no equivocarme al proponer volver al pueblo.
Avanzamos sin incidentes reseñables, solo algún que otro zombi solitario. Lo cual me llevaba a pensar donde estaban los demás. Porque el pueblo era pequeño, pero al menos debería haber unos pocos miles de muertos pululando por las calles. Otro misterio que añadir a la lista de misterios del día. Al fin, llegamos a la calle donde estaba la casa, no había nada ni nadie, al menos en apariencia.

- Aparca un poco lejos de la casa.
- ¿Para qué?
- Parece que los cabrones esos son bastante lentos, por lo cual, en caso de que nos rodeen en la casa, siempre podemos salir corriendo, montar en el coche, y salir a toda ostia.
- Ummm, buena idea. ¿Piensas en todo, eh?
- Si bueno, es mi trabajo. Pensar en todo. Así que voy a bajar y a decírselo a los otros.

Si, pensaba en todo, y en realidad no era tan buena idea, como se atiborrara la calle de zombis por la derecha, ni Usain Bolt podría escapar de allí corriendo sin algún que otro mordisco.  Me la estaba jugando otra vez, y no me gusta dejar tantas cosas al azar. Bajé del coche y fui a decirles a Javi que aparcara algo más alejado por el motivo que ya expliqué.  Volví a la furgoneta de Raquel, para sacar de la mochila algo de comida para esta noche, el resto lo dejamos por si había que salir corriendo. Cogimos también nuestros martillos. Bendita Geología.

Cuando llegamos a la puerta de la casa, los demás aún no habían entrado en la casa.

- Vaya,  que detalle. Nos esperáis para entrar.
- La niña no tiene las llaves.
- Oh, absoluta y fantásticamente genial...
- Y que lo digas...

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