7 de Agosto de 2011, un grupo de amigos pasan un agradable finde de acampada en Cazorla lejos del ruido de las ciudades. Al volver, las cosas no están como las dejaron...

lunes, 29 de agosto de 2011

CHAPTER 2

El sol se cuela a través de la tienda de campaña. El amigo de Rocío (la susodicha vegetariana), Javi, ya está fuera y dice que va a ir dar un paseo. Me desperezo y me animo a salir fuera para que me dé el sol y observar el lugar donde acampamos, que por la noche nos fue prácticamente imposible hacerlo. En la otra tienda, las chicas también están despiertas. Dicen no haber dormido nada por los ruidos y los jabalíes que rondaron su tienda. Sonrío, pero no les creo. Vuelvo dentro de la tienda y me uno al otro par de inquilinos durmientes que la habitan para compartir su misma tarea,al menos durante un par de horas más. Transcurrido ese tiempo, la actividad vuelve al campamento, todos desperezados y recogiendo las tiendas, mientras Javi vuelve con noticias.

- Que raro, no hay nadie en la charca.
- ¿Nadie?
- Bueno sí, están los hippies esos que vimos anoche al llegar, pero nadie más.
- Hmmm, es raro si, y más siendo fin de semana. ¿Vamos a desayunar?


Deshicimos el camino de anoche y volvimos hasta los coches. Es un gran alivio ver por donde pisa uno, en serio. Saludamos a nuestros vecinos hippies, intercambiamos unas palabras, que sobre todo tenían que ver con la ausencia anómala de gente, y desayunamos tranquilamente en una de esas grandes mesas de piedra del merendero.Después todos se fueron a bañarse mientras yo me tumbaba a la sombra y cuidaba de nuestro compañero peludo y de cuatro patas Gumi, (o “Tú, perro”, como me gusta llamarlo). Por cierto, yo olvidé traer el bañador.

Por la tarde, cogimos de nuevo la carretera tras pasar un día fantástico deseando llegar a casa y descansar. Nuevamente, no sabíamos lo equivocados que estábamos, porque cerca de nuestra primera parada para apear y despedir a Rocío (pasábamos primero por su pueblo) nos encontramos con un imprevisto.

-¡¡¿¿Pero qué coño hace ese ahí en medio de la carretera??!!


Tras las bromas para que nuestra conductora lo atropellara, Raquel lo esquivó pasando a un lado. El sujeto se giró y pude verle el rostro a través de la ventanilla. Después de procesar lo que habían visto mis ojos, solo pude susurrar:

-Oh, mierda...

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