Multitud de imágenes de decenas de películas, cómics y videojuegos brotan de mis recuerdos. Rostro desfigurado, ojos vueltos hacia atrás, pústulas y heridas con sangre coagulada ¡Es un puto zombi! Calma, piensa y evalúa lo que han visto tus ojos.
Imposible... es imposible...
Mi imaginación, solo es eso. Una mala pasada. Tienes en la cabeza demasiadas cosas sobre muertos vivientes. Entre eso, y el amodorramiento por culpa de la música sosa que tienen estos puesta... Sí, eso es, eso es lo que he visto, un producto de mi (gore) imaginación. Aunque bueno, la perspectiva de estar perdiendo el juicio no es muy alentadora, siempre es mejor que un apocalipsis zombi, en el que de todas maneras estaríamos bien jodidos, que aquí no hay una armería en cada esquina como en EE.UU ¡Já! Pero, no está de mal preguntar para asegurarme.
- [...] el colgao ese en mitad de la carretera...
- Eh, ¿os habéis fijado en la cara del subnormal ese?
- Nop ¿por?
- Nah, cosas mías. Me pareció ver algo... bah, sigo “durmiendo”.
- Eh, ¿os habéis fijado en la cara del subnormal ese?
- Nop ¿por?
- Nah, cosas mías. Me pareció ver algo... bah, sigo “durmiendo”.
Sube el volumen de la música de nuevo, y entro otra vez en mi estado de seminarcolepsia. Podías haberles dicho que crees que has visto. ¿Para qué? No te hubieran creído, ni tú mismo te lo crees. Además, sé sensato, es completamente absurdo. Fin, tema zanjado. Duérmete hasta que lleguemos a Villacarrillo. ¿Pero y si...? ¡Calla y duérmete! Por cierto, nota mental: dejar de jugar tanto al Left 4 Dead.
Entre idas y venidas del mundo de los sueños al mundo real, hemos casi llegado a nuestro primer destino. Anochece. Suena el teléfono y es Rocío, que viene en el otro coche con Cristina y Javi que conduce, que se han quedado atrás y si sabemos llegar hasta su casa. No problem, si no nos guía ella, sabremos llegar sin dificultad.
Entramos en el casco urbano, mientras avanzamos calle tras calle, la sensación de que algo no va bien se apodera de los ocupantes del vehículo. No hemos visto absolutamente a nadie.
- Qué pueblo más raro, no hay viejos con las sillas en la calle tomando el fresco.
- Ojú de verdad, pero ni viejos ni nuevos. Nadie.
- Tampoco es tan raro para el día que llevamos, de hecho, si viésemos a alguien sí que sería algo especial.
- Eh, por ahí no era, ¡era por la otra!
- Ojú de verdad, pero ni viejos ni nuevos. Nadie.
- Tampoco es tan raro para el día que llevamos, de hecho, si viésemos a alguien sí que sería algo especial.
- Eh, por ahí no era, ¡era por la otra!
Nos pasamos un par de calles, llegando a la plaza del pueblo. Error. ENORME ERROR.
- ¿Pero qué cojones ha pasado aquí?
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