Una vez preparados, salieron Gersan y Álvaro en plan avanzadilla para comprobar si había zombis en las cercanías. Mientras tanto, yo observaba todas las herramientas, aperos y demás utensilios de la cochera.
- Quizás algo de esto pueda servirnos.
- Podría...
- Bien, esto es lo que vamos a hacer, en cuanto vuelvan estos, que te acompañen a por el coche, abrimos la puerta de la cochera, y lo metes dentro.
- ¿Pero no haremos mucho ruido?
- Sí, pero para cuando vengan ya nos habremos ido.
Los exploradores regresaron en ese momento con buenas noticias. No había ningún no-muerto en las cercanías. Pusimos en marcha el plan, en cuanto la furgoneta se acercó abrimos las puertas, aparcó dentro y volvimos a cerrar. Sacamos todos los trastos de la obra del padre de Raquel, excepto un mazo que nos pareció interesante, y metimos todo lo que creímos conveniente en la parte de atrás.
- ¿Qué hacemos con el quad? Las llaves están puestas.
- Esto, ¿y no te ha parecido hasta ahora oportuno comunicarlo?
- ¡Déjame!¡Que me he acordado ahora!
- Si sabes conducirlo, llévatelo. Pero ten cuidado.
- ¡Way!¡Vamos Cristina!
El par de 2 se fueron felices hacia el quad, que estaba estacionado en la parte posterior de la cochera. Javi se me acercó y me preguntó esto:
- ¿Y mi coche? Está vacío.
- Ya, tenía pensado usarlo de nevera, ¿no te importa, no?
- No, claro que no.
- Pues gente, pongamos en movimiento este circo ambulante. ¡¡EN MARCHA!!
Los vehículos salieron del interior del garaje, en dirección al Land Rover de Javi, él se bajó allí y se montó en su coche. Ahora si poníamos rumbo definitivo al Mercadona. En la furgo de Raquel iba ella, Álvaro, Gersan y yo, nos seguía el quad con Rocío y Cristina y cerrando el convoy, Javi con su 4x4.
Así empezaba otro día muy largo.
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